Abr
Continuamos con la tercera entrega de este intrigante relato basado en hechos reales: Casas encantadas. Hoy empiezan a desarrollarse una serie de hechos bastantes inquietantes para nuestra protagonista. Esperamos que os guste
.

El resto del día transcurrió más o menos apacible, hasta logré sacarme un poco de la cabeza la advertencia de esa mujer. Bah, seguramente sería una pueblerina envidiosa y aguafiestas, mejor no le haré caso, pensé.
Pero la noche acabó por caer inevitablemente. Acabé de dar la cena a David, esta noche parecía más tranquilo, tal vez se estaba empezando a adaptar. Luna también se mostraba plácida. Subí a David a su camita y yo volví a bajar dispuesta a leer un rato.
Estaba concentrada leyendo la prensa del día cuando de repente me pareció oír un alarido de dolor. Luna levanto una de sus orejas, enfocando para localizar la fuente del sonido. Se levantó y gruñendo se dirigió al hueco de la escalera, un lugar sin función determinada donde coloquen una planta de adorno. Aparte el enorme Ficus porque pensé que algún ratón podría haberse escondido entre tanto tiesto, ramas y tierra, quien sabe, hasta una rata grande, de esas que veo en mis pesadillas a veces. Luna olisqueó la zona sin parar de gruñir, pero no vimos nada. Otro grito sonó en el aire. La perra empezó a ladrar nerviosa. Ahora ya estaba claro que no era un ratón, ni una rata, ni nada que ande a cuatro patas, el grito era humano, de un hombre, concretamente, de un hombre al que no veíamos, solo oíamos y sentíamos.
Fui corriendo a buscar mi bolso, Me tenía que tomar enseguida mis pastillas de la ansiedad, estaba a punto de hacer una crisis y estando a solas con David no podía permitírmelo. -No quiero que pase como esa vez, que me hablaba esa voz…no, que no me pase, ahora tengo a David y no puedo volver allí…
Intenté tranquilizarme, subí a la planta de arriba para comprobar que el niño dormía y así era, así que llamé a Luna y me acosté. Era un grito de dolor, no cabe la menor duda, pensé recordando lo sucedido ¿Qué está ocurriendo en esa casa? Mi imaginación empezó a volar libre mientras las pastillas me iban dejando inmersa en un sueño sin miedos, en un sueño sin aullidos.
Con la mañana parecía que los miedos, los gritos, las advertencias, todo lo ocurrido el día anterior, era solo una pesadilla pegajosa digna de una noche de delirios febriles. Me levanté con el convencimiento que no podrían vencerme, esta vez no.
Entre en la cocina a preparar los desayunos y lo que vi me volvió a la realidad de repente. No fue una pesadilla. La cocina estaba manchada por completo de una sustancia pegajosa y templada, roja, como si hubieran sacrificado a una bestia en un ritual maléfico. La cocina, en definitiva estaba llena de sangre. Cogí a David y a Luna y salí corriendo de la casa. El primer lugar donde se me ocurrió ir fue a la policía. Les conté lo sucedido y un agente me acompañó a casa. Entró dentro y comprobó que no hubiera nadie escondido que me jugara una mala pasada. Efectivamente, no había nadie, ni tampoco nada extraño, la sangre había desaparecido. El policía me insinuó que tal vez estaba pasando por momentos de estrés o algo parecido. Otra vez no, pensé, no puedo volver allí. Ahora tengo a David, no me pueden encerrar.
Continuará…


