Casas Encantadas VI

Ultima entrega del relato “Casas Encantadas” basado en hechos reales que se produjeron en Peñíscola. Esperamos que os haya gustado, y sin más os dejamos con la última entrega icon wink Casas Encantadas VI .

 

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Tenía el cuerpo empapado en sudor y aun me parecía oler ese hedor a putrefacción y a muerte. Ya había visto de qué había muerto ese ser, pero, ¿qué tenía todo eso que ver conmigo? ¿Ese desgraciado caballero quería algún tipo de ayuda que yo le pudiera proporcionar? Con esos pensamientos extraños fui de nuevo cayendo en un sueño, pero esta vez reparador.

 

Me desperté muy temprano y extrañamente descansada. Baje a la cocina a preparar un poco de desayuno y a abrir a Luna para que saliera al pequeño jardín de la casa.  Pensaba en la noche anterior, no entendía muy bien porque quería enseñarme su muerte.

 

En otras ocasiones me ha ocurrido algo parecido, pero siempre querían algo determinado, comunicar algo o dar a conocer algún detalle de su vida o su muerte, pero siempre con un sentido. ¿Qué le ocurría al alma del templario que no podía encontrar la luz?  El timbre del micro llamó mi atención. El café ya estaba en su punto. Me senté en la mesa de la cocina a disfrutar de esos momentos de calma antes que David despertara.

 

Ya no se oían gritos extraños y de hecho la casa tenía otro ambiente, pero yo sabia por experiencia que no había terminado todo. La cocina era muy grande y había en una de las paredes una enorme chimenea. Reparé en ella como no había hecho ninguno de los días anteriores. No sé por que motivo me recordó a la puerta que separaba una sala de la otra en ese extraño lugar donde estuve en mi trance. Me levanté como si me forzarán a ello, no sé en que estado estaba, pero no era consciente del todo. Llegué hasta la chimenea y me agaché hasta meterme prácticamente dentro de ella. Golpeé con el puño varias veces en la pared del interior. Sonaba hueco. Salí de la chimenea. Me incorporé y golpeé del mismo modo otro tramo de la pared, sonaba sordo, sólido, otra pared y lo mismo. De nuevo dentro de la chimenea y el ruido era diferente, totalmente distinto. Fui al garaje, allí recuerdo haber visto algunas herramientas. Cogí un martillo y fui hasta la cocina de nuevo. Dentro la chimenea se olía de nuevo esa peste a muerte…La emprendí a  martillazos y la fina capa de pared cedió enseguida para dar paso a una cueva, ¡esa cueva en la que estuve la noche antes! Me metí dentro, una antesala daba paso a una sala más grande, los gritos de dolor volvieron y ahora estaba completamente consciente de lo que ocurría. La peste, el ruido de los miembros desgarrándose y al final de la sala huesos, montones y montones de huesos. Calaveras, fémures, tibias. Era una imagen de pesadilla.

 

La policía estaba atónita cuando entró dentro del hueco de la pared. Detectives, sanitarios, periodistas y curiosos se amotinaban en mi casa. Un policía me explicó que los huesos serían enterrados en una fosa común abierta para tal fin, en el cementerio de algún lugar que no me pudo desvelar. Ahora sí que todo había terminado.

 

Empezaron las obras en casa para volver a acondicionarlo todo. Ya había terminado, ahora sí. En una semana me incorporaba a mi trabajo y esta vez,  todo iba a salir bien. El pobre caballero del temple descansaba en lugar sagrado y yo podía continuar con mi proyecto de una nueva vida, junto a David y Luna y sin escuchar más voces de los muertos, por favor.

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