Carlos, ya al borde del colapso le volvió a pedir perdón y le explicó que solo querían experimentar algo nuevo y que se habían equivocado por completo al hacerlo.

-Me llamaban Pedro el Grande, también Pedro el infalible, nadie podía vencerme, mi fuerza era como la de diez hombres. Mi valor era como el de diez leones. No podía contener mi furia y mi rabia era proverbial.
-Es un honor hablar con un caballero tan valiente como usted, señor. Le increpó otro de los chicos.
El vaso siguió deslizándose. Ya que me habéis sacado de mi tenebroso y largo sueño, tal vez hay algo que podáis hacer por mí.
-¡Claro que sí señor! Clamaron todos los chicos casi a la vez, con la esperanza de contentar lo máximo posible a esa alma y ser perdonados en su torpeza.
-Estoy sediento, muy sediento. Llevo siglos sin poder probar nada, ni una sola gota del elixir que me daba esa fuerza descomunal. ¿Queréis devolverme la fuerza?
Sí claro, por supuesto, le contesto Carlos haciéndose portavoz de los demás miembros del grupo.¿ Quiere un poco de vino ? Lo han cosechado nuestros propios padres, o ¿tal vez prefiere un poco de aguardiente?
El vaso empezó a girar, dando vueltas al tablero en una carrera sin sentido. Al final:
“N””O” “N””O” ”N””O” Y volvía a coger fuerza, giraba, giraba, giraba…
¡¡Basta, por favor!! , dijo Carlos ¿Cuál es ese elixir?¡¡ Díganoslo ya y se lo daremos!!
¡¡¡El elixir que me daba la fuerza era la sangre de jóvenes como vosotros!!! Y dicho esto, el techo de la casa empezó a derrumbarse encima de las cabezas de los pobres chicos aplastándolos sin escapatoria ninguna.
La policía dio por hecho que la casa estaba vieja y se había hundido el techo a causa de las numerosas lluvias de ese invierno. Pero lo cierto es que habían invitado a Pedro el Grande, Pedro el Infalible, a ser de nuevo, como se le conoció por esas tierras donde sembró el pánico, Pedro el sanguinario.

interesante historia, pero si los jovenes murieron, quien conto la historia?????
saludos